Entre ensayo y ensayo del teatro, uno necesita una copa decente y un sitio donde el camarero no te mire raro si pides el segundo vaso sin haber terminado la tapa. Esta es la ronda de siempre, del barrio y de los que me pillan de paso, con alguna que otra excusa domingo de quiniela para acercarme hasta el centro. Ni soy sumiller ni falta que hace, oiga.
Dos plantas dedicadas sobre todo al vino italiano y francés. Para esos días en que uno quiere fingir que entiende de Piamonte y Borgoña sin que se le note demasiado.