No va de maratones ni de abonos de palco, que para eso ya está la tele. Esto es más de taller: sitios que piso cerca de casa o a los que me acerco un domingo después del Rastro, con la misma calma con la que desengraso un grabado antiguo. Pistas, piscinas y algún estadio que, mírelo usted como lo mire, también es patrimonio de esta ciudad.