Entre ensayo y ensayo del teatro, uno necesita una copa decente y un sitio donde el camarero no te mire raro si pides el segundo vaso sin haber terminado la tapa. Esta es la ronda de siempre, del barrio y de los que me pillan de paso, con alguna que otra excusa domingo de quiniela para acercarme hasta el centro. Ni soy sumiller ni falta que hace, oiga.